Economía Fin de la crisis mundial y una gran cosecha

Impulso de la construcción como refugio de los ahorros

Por Fernando R. Marengo
Economista Jefe - Estudio Arriazu & Asociados

Durante el año 2009 el mundo experimentó la primera recesión desde la “Gran Depresión” del año 1930. Si bien las estadísticas muestran que durante ese año la contracción en el nivel de actividad no alcanzó al punto porcentual, se debe tener en cuenta que un crecimiento económico mundial inferior al 3 por ciento anual es considerado una recesión por muchos analistas.
Al igual que en la mayoría de las crisis económicas, esta crisis se inició con la explosión de una “burbuja” (en este caso la “burbuja inmobiliaria”), y se agravó con el cierre de Lehman Brothers y con los rumores de nacionalización del Citibank, eventos que llevaron al mundo al borde del abismo en sendas oportunidades. La explosión de una “burbuja” provoca el retorno de los precios desalineados a sus valores históricos de equilibrio, generando también disminuciones del gasto en los países donde estas se gestaron y, por consiguiente,  incrementos del gasto de aquellos que los financiaban. Considerando que los mayores excesos de gastos estaban concentrados en los Estados Unidos, el Reino Unido, España e Italia, era de esperar que estos países soportaran el mayor costo del ajuste; siendo esto exactamente lo que sucedió.
Hacia finales del primer semestre de aquel año, la acción decidida y coordinada de los gobiernos logró finalmente poner piso al deterioro de las expectativas. La evolución de los mercados financieros dio las primeras señales de estabilización de la economía. Los precios de las materias primas y de los activos financieros detuvieron su caída y comenzaron a recuperarse.
En la segunda mitad del año 2009, la economía mundial comenzó a dar señales de que la peor etapa de la crisis había sido superada. El ritmo de contracción de la actividad económica en las principales economías del mundo comenzó a desacelerarse y numerosos países alcanzaron tasas de crecimiento positivo durante el tercer trimestre de ese año.
Para el corriente año se espera que el proceso de recuperación de la economía mundial se consolide, alcanzando un nivel de actividad económica superior al promedio de las últimas décadas aunque inferior al período de la “burbuja”. Sin bien, este proceso estuvo liderado por los denominados países emergentes, incluyendo América Latina, se esperan para el corriente año tasas de crecimiento positivas para la gran mayoría de los países desarrollados.
Argentina también se beneficia de estos desarrollos. La crisis económica internacional y la sequía durante la campaña agrícola 2008/2009 redujeron el valor de nuestra cosecha de granos y oleaginosas en más de 15 mil millones de dólares, al mismo tiempo que se dificultaron las ventas al exterior de automotores, de cueros, de aluminio y de muchos otros productos. La recuperación económica mundial impulsó la recuperación en el precio de las materias primas (los cuales difícilmente recuperen los niveles de mediados del año 2008) y permitió la recuperación de otras exportaciones (especialmente de automotores). Para la corriente campaña agrícola se estima una recuperación del valor de la cosecha en torno a los 8 mil millones de dólares y un crecimiento de las exportaciones cercano a los 10 mil millones de dólares.
En este contexto debe esperarse para el corriente año una importante expansión de la actividad económica en el país, la cual sólo podría verse afectada por un cambio en las expectativas de los diversos agentes económicos que afecte de manera significativa los flujos de capitales hacia el país.
En el caso particular de la construcción, si bien el principal motor para la expansión del sector debería ser el crédito hipotecario, esto no ocurre en Argentina debido a la ausencia de una unidad de cuenta confiable con la cual se pueda operar en el sistema financiero. El formidable crecimiento experimentado por la construcción desde el año 2003 -con un crecimiento acumulado del 170 por ciento cuando el PIB creció el 56 por ciento- fue financiado principalmente con ingresos de capitales, con ahorros salidos del sector financiero luego de crisis de comienzo del siglo y con los mayores ingresos del sector agrícola e industrial. En la medida que diferentes sectores de la economía nacional continúen generando excedentes de liquidez y que la construcción se perciba como un refugio de valor para los ahorros, el sector continuará en la senda del crecimiento.

 

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