Una mirada a las casonas históricas de Mar del Plata
Arquitectura, patrimonio y el legado residencial de una ciudad única
La historia arquitectónica de Mar del Plata estuvo profundamente vinculada al crecimiento de la ciudad como principal destino turístico de la aristocracia argentina durante fines del siglo XIX y comienzos del XX. A diferencia de otros balnearios de la época, Mar del Plata logró desarrollar una identidad urbana propia a partir de una fuerte influencia europea combinada con materiales locales y soluciones arquitectónicas adaptadas al paisaje costero.
Hacia comienzos del siglo XX, las familias más tradicionales de Buenos Aires comenzaron a elegir la costa marplatense como lugar de descanso estival. La ciudad ofrecía la posibilidad de disfrutar del verano sin necesidad de viajar a Europa, algo que rápidamente impulsó la construcción de grandes villas y residencias de lujo sobre las lomas cercanas al mar. Estas viviendas estaban inspiradas principalmente en corrientes arquitectónicas europeas como el pintoresquismo francés e inglés, el estilo normando, Tudor y posteriormente el art decó.
Muchas de estas residencias eran concebidas casi como pequeños palacios de verano. Las familias llegaban acompañadas por personal doméstico y permanecían extensamente durante la temporada en la ciudad. Para la construcción de estas villas se importaban materiales desde Europa: maderas, herrajes, vitraux, revestimientos, mobiliario y elementos ornamentales llegaban especialmente para cada obra, otorgándoles un nivel de sofisticación pocas veces visto en la arquitectura residencial argentina de la época.
Ese crecimiento transformó rápidamente el perfil urbano de Mar del Plata y dio origen a una arquitectura profundamente ligada al paisaje costero. Las residencias buscaban aprovechar las visuales abiertas hacia el mar, incorporar galerías, terrazas, grandes ventanales y jardines, generando una relación constante entre interior y exterior. La luz natural, la ventilación y la contemplación del paisaje comenzaron a convertirse en elementos centrales del diseño arquitectónico.
Con el paso del tiempo, aquellas enormes residencias aristocráticas comenzaron a influir sobre una nueva arquitectura de escala más doméstica que terminaría convirtiéndose en uno de los sellos urbanos más característicos del país: el denominado «Estilo Mar del Plata» o «chalet marplatense». Este lenguaje arquitectónico se desarrolló principalmente entre las décadas de 1930 y 1950 y reinterpretó las características de las grandes villas de verano adaptándolas a viviendas de clase media.
Arquitectos y constructores locales fueron fundamentales en la consolidación de este estilo, incorporando fachadas revestidas en piedra Mar del Plata, cubiertas inclinadas con tejas españolas o francesas, chimeneas prominentes, lucarnas, carpinterías de madera, porches y detalles artesanales que generaban una identidad visual muy reconocible.
La llamada piedra Mar del Plata adquirió un rol central en esta arquitectura. Extraída de canteras cercanas a la ciudad, su textura y tonalidad terminaron convirtiéndose en uno de los símbolos visuales más importantes del paisaje urbano marplatense. Su utilización permitió desarrollar una arquitectura robusta, artesanal y profundamente vinculada al territorio local.
Durante aquellos años, Mar del Plata llegó incluso a ser conocida como «La Biarritz argentina», en referencia al tradicional balneario francés. La arquitectura pasó a convertirse en símbolo de prestigio social y en un reflejo directo del crecimiento económico y cultural de la ciudad. Sin embargo, gran parte de ese patrimonio comenzó a desaparecer a partir de la década de 1960 con el auge de la propiedad horizontal y el boom inmobiliario. Muchas de las antiguas villas aristocráticas fueron demolidas para dar lugar a edificios en altura y torres frente al mar. A pesar de ello, numerosas residencias históricas todavía sobreviven en barrios tradicionales como Stella Maris, Los Troncos, Playa Grande y La Perla, conservando parte de la identidad arquitectónica original de la ciudad.
Dentro de ese patrimonio sobreviven algunas de las casonas más emblemáticas de la arquitectura argentina. Estas son siete de las más importantes:
Villa Ortiz Basualdo
Construida en 1909 para la familia Ortiz Basualdo, esta residencia es una de las obras más representativas del estilo pintoresquista normando en Argentina. Actualmente funciona allí el Museo Municipal de Arte Juan Carlos Castagnino.
Desde el punto de vista arquitectónico, la casa responde claramente a las villas europeas de descanso construidas sobre la costa francesa y británica a fines del siglo XIX. Presenta cubiertas inclinadas de gran pendiente revestidas en teja, mansardas, entramados decorativos de madera, importantes chimeneas y una volumetría irregular que busca romper la rigidez clásica. La piedra y la madera aparecen como protagonistas tanto en exteriores como en interiores.
Históricamente, la residencia simboliza el auge de Mar del Plata como ciudad balnearia de elite. Las familias más influyentes del país comenzaban a instalarse en la ciudad durante las temporadas de verano y competían entre sí mediante residencias cada vez más sofisticadas y monumentales.
Villa Victoria Ocampo
Villa Victoria Ocampo fue construida en 1912 como residencia de verano de la familia Ocampo y posteriormente se transformó en uno de los espacios culturales más importantes del país gracias al impulso de la escritora Victoria Ocampo.
La vivienda posee una arquitectura muy particular para la época: fue importada prefabricada desde Inglaterra y construida íntegramente en madera y hierro. Su lenguaje arquitectónico responde al pintoresquismo británico, con cubiertas inclinadas, galerías, bow windows y una composición asimétrica que prioriza la integración con el jardín.
Uno de los aspectos más innovadores de la casa es precisamente su sistema constructivo industrializado, algo poco habitual en Argentina a comienzos del siglo XX. La liviandad visual de la estructura y la utilización extensiva de madera generaban una estética mucho más cálida y doméstica que las grandes residencias de piedra típicas de la época.
Casa sobre el Arroyo
También conocida como «Casa del Puente», fue diseñada entre 1943 y 1945 por Amancio Williams y Delfina Gálvez Bunge, y es considerada una de las obras más importantes de la arquitectura moderna latinoamericana.
La vivienda revolucionó la arquitectura de su tiempo mediante una propuesta estructural inédita: la casa se apoya sobre un gran arco de hormigón armado que atraviesa el arroyo Las Chacras. Esta solución permitió liberar completamente el terreno natural y generar una integración total entre arquitectura y paisaje.
Arquitectónicamente responde a los principios del modernismo: líneas puras, funcionalidad, ausencia de ornamentación y grandes superficies vidriadas que permiten incorporar el entorno natural al interior de la vivienda. El hormigón armado adquiere un rol expresivo y estructural central.
Históricamente, la obra posicionó a la arquitectura argentina dentro del panorama internacional y continúa siendo estudiada en universidades de todo el mundo por su innovación técnica y conceptual.
Villa Normandy
Villa Normandy representa una de las expresiones más refinadas de la arquitectura normanda desarrollada en Mar del Plata durante las primeras décadas del siglo XX.
La vivienda se caracteriza por sus cubiertas complejas, buhardillas, entramados de madera a la vista y una importante riqueza ornamental. La composición volumétrica busca generar diferentes perspectivas desde el exterior, evitando la simetría clásica y privilegiando una imagen más pintoresca y romántica.
La utilización de piedra, madera y techos inclinados permitía además responder mejor a las condiciones climáticas costeras. El diseño estuvo pensado para integrarse visualmente con el paisaje marino y aprovechar las vistas hacia el océano.
Históricamente, estas villas representaban el máximo símbolo de status social entre las familias tradicionales argentinas que veraneaban en Mar del Plata.
Villa Mitre
Villa Mitre es una de las residencias históricas vinculadas a las familias más tradicionales de la Argentina y representa el eclecticismo arquitectónico típico de comienzos del siglo XX.
La casa combina influencias clásicas y europeas con elementos pintoresquistas. Presenta galerías, terrazas, balcones ornamentales y amplios espacios interiores destinados a la vida social y al entretenimiento propio de las temporadas de verano. Se destaca por el equilibrio entre monumentalidad y confort residencial. Los ambientes fueron diseñados buscando iluminación natural, visuales abiertas y una fuerte relación con los espacios exteriores y jardines.
La residencia forma parte del proceso histórico mediante el cual Mar del Plata pasó de ser un pequeño pueblo costero a convertirse en el principal centro turístico del país.
Chalet Saint Michel
El Chalet Saint Michel es uno de los ejemplos más representativos del llamado «Estilo Mar del Plata», corriente arquitectónica que terminó definiendo gran parte de la identidad urbana de la ciudad.
Este estilo reinterpretó las grandes villas aristocráticas europeas en una escala más doméstica y funcional. La vivienda incorpora piedra Mar del Plata, techos inclinados revestidos en teja, carpinterías de madera, chimeneas y detalles artesanales.
Uno de los aspectos arquitectónicos más característicos es el uso de la piedra local como elemento compositivo principal, otorgándole a las fachadas textura, solidez y una fuerte identidad regional.
Históricamente, este tipo de chalets acompañó el crecimiento de la clase media argentina y la expansión urbana de Mar del Plata durante las décadas del 30 y 40.
Villa Devoto
Villa Devoto es otra de las residencias emblemáticas que forman parte del patrimonio histórico marplatense.
Su arquitectura responde a un lenguaje ecléctico donde conviven elementos neocoloniales, clásicos y pintoresquistas. La casa presenta una importante riqueza ornamental, galerías, cubiertas inclinadas y una fuerte relación entre interiores y exteriores.
La composición general refleja una época donde la arquitectura residencial funcionaba también como símbolo de representación social. Cada detalle constructivo buscaba transmitir prestigio, sofisticación y permanencia.
Históricamente, estas viviendas consolidaron el perfil urbano elegante y residencial que caracterizó a Mar del Plata durante buena parte del siglo XX y que todavía hoy continúa siendo uno de los rasgos más distintivos de la ciudad.
VER TODAS LAS NOTAS DE VIDRIOTECNIA 198 aquí